Viviendo la transformación

Viviendo la transformación

Algo que te ayuda a vivir un tiempo de transformación, es tener nuevas expectativas, esperar algo de parte de Dios en tu vida. La expectativa que tú tengas, determina la mayoría de tus actitudes, relaciones y acciones. De acuerdo a lo que tú estás esperando, visualizando, de acuerdo a lo que tú deseas es que tú te relacionas. ¿Quieres cambios en tu vida? Cambia tu expectativa, espera lo mejor, y no lo peor. Dios dijo, en Jeremías 29:11: Porque yo sé los pensamientos que tengo acerca de vosotros, dice el Señor, pensamientos de paz y no de mal para daros el fin que esperáis. Dios quería que el pueblo tuviera la expectativa correcta, una nueva expectativa de cosas nuevas y maravillosas.

A través de toda la Biblia, Dios siempre buscaba levantar la expectativa de la gente, porque tú no puedes cambiar tus actitudes, tus acciones ni tus relaciones, si no cambias primero tu expectativa. Una persona que no tiene grandes expectativas, se relaciona con gente mediocre, y no con gente que le ayude a llegar al nuevo nivel de vida que Dios tiene para ella. Una persona que no tiene expectativa, se deja ir; come lo que sea, no hace ejercicios, no estudia. Por el contrario, una persona que espera algo, trabaja diligentemente en diferentes cosas, para lograr alcanzar todo aquello que espera. Es por esto que es vital que tengas la expectativa correcta en tu vida.

Hay oportunidad de cosas nuevas y mejores para tu vida; no tienes que vivir de la manera que has estado viviendo. En Isaías, Dios le dice al pueblo: Ensancha tus estacas, tus cuerdas. En otras palabras: Haz espacio. A una nación estéril, Dios le dice: Vas a crecer, te vas a levantar, pronto darás a luz; alarga tus cuerdas, ensancha tu tienda, crece porque voy a hacer algo más grande contigo. Cuando tienes expectativa, tomas acciones diferentes, cambias tus actitudes, tus amistades; todo comienza a transformarse. Tú no puedes ser uno de Los 400, si no tienes expectativa de algo grande. Olvida a aquellos que dicen que no creas; esa gente no está esperando nada. Cree que, de las deudas, Dios te va a sacar a la libertad económica; de la aflicción, a un nuevo nivel de libertad de paz y de gozo. Tú serás testimonio de que el Dios al que le sirves cambió tu lamento en baile, cumplió cada una de tus expectativas.

Dios, cuando crea el mundo, particularmente con Noé, en la recreación del mundo, Dios le dice: He puesto el tiempo de la siembra y de la cosecha, he puesto unas temporadas, unas épocas. Las temporadas nos van diciendo que vienen cambios, te dejan saber que algo va a ocurrir. Cuando viene el otoño, por ejemplo, las hojas comienzan a caer; comienzas a ver señales de que algo va a cambiar; y eso comienza a crear en ti expectativa de algo nuevo. Lamentablemente, los fracasos del pasado llevan a la gente a reducir sus expectativas. Sin darnos cuenta, bajamos los estándares de aquello que esperamos, comienzas a conformarte. Una persona que no puede ver las nuevas temporadas con nuevas posibilidades y decide conformarse, se queda atada en el pasado.

Lo peor que puede pasar es que tus problemas te hagan reducir tus expectativas a tal grado que aceptes cualquier cosa en tu vida como lo más grande de Dios, sin darte cuenta que lo que estás recibiendo está íntimamente ligado a la expectativa que estás teniendo. Quizás estás pasando una situación económica, y la fe que estás teniendo es una fe, no de progreso, victoria y conquista, sino una fe de comodidad, una fe para acomodarte. Son las personas que dicen que no esperan mucho, que no desean mucho, pensando que eso es ser humilde, que así no ofenden a Dios y todo les llega más rápido. Estas personas lo que pasa es que se están dejando llevar por el marco de referencia de su pasado. Esto les pasó a Sarah y Abraham. Dios dijo que les daría un hijo, y Sarah comienza a reírse. El tiempo que había vivido ya le hacía esperar menos de lo que Dios tenía para ella. Al bajar sus expectativas, ella misma le entrega a su esposo su sirvienta y, eventualmente, aquello le trae tristeza, amargura, dolor. Pero el problema fue de Sarah; el problema fue que, como el tiempo seguía pasando, sus expectativas se hacían menos.

Tú no puedes ser como Sarah. Tú tienes que ser como Caleb, que después de sus ochenta años, todavía seguía creyendo que la montaña que Dios le había prometido, se la iba a dar. Si tú quieres ser de estos 400, tienes que volver a levantar tus expectativas. No importa si han pasado veinte años, treinta, cincuenta, ochenta; eleva tus expectativas. Dios va a cumplir el deseo de tu corazón. Sin importar el tiempo que haya pasado, hoy es un buen día para decir: Llegó mi temporada de cambio, y voy a seguir esperando con la misma pasión por todo aquello que Dios me ha prometido.

En Juan 5, se nos habla del paralítico de Betesda. Los treinta y ocho años que había pasado allí detenido, cuando llega Jesús delante de él, le hacen poner como excusa lo que otros no habían hecho por él. Una persona que ha perdido las expectativas, es una persona que está buscando responsables de su circunstancia actual. Cuando pierdes la expectativa de lo que Dios va a hacer, sin darte cuenta lo que estás es haciendo al mundo responsable de lo que Dios va a hacer por ti. La pregunta para ti hoy es: ¿Quieres ser sano? ¿Quieres ser libre de deudas? ¿Quieres cambiar tu vida? ¿Te atreves a creer? Dios te lo quiere dar, pero han pasado treinta y ocho años, ¿todavía lo quieres? Si lo quieres, lo puedes tener
DIOS ES NUESTRA FORTALEZA !!!!

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